Fray Javier Acero
paso a la unidad
Más que fútbol El deporte es la mejor ocasión que tenemos para esparcir nuestra mente, y para que nuestro cuerpo vaya eliminando esas malditas toxinas que se pegan en nuestro cuerpo. Cualquier deporte es bueno, siempre que se tenga moderación. Desde el fútbol hasta el surf, del frontenis hasta el golf, buenos porque generan una sana competitividad, mejores pues nos ayudan a la disciplina, y nos van formando en unos valores que, desgraciadamente en la mayor parte de los profesionales no se ve. Cristiano Ronaldo tiene un Ferrari, Nadal una excelente moto acuática…Y así podíamos ir quitando mos laureles mediáticos a tanto campeón bueno en el campo, y mejorable en la vida. En estos días que vivimos del fútbol: Äfrica, el continente de la esperanza, que diría Juan Pablo II se vuelve protagonista. Además en un país en donde aún existe la segregación racial, en donde hay muertos en las calles, y sigue existiendo la diferencia de pobres y ricos. Freetown no es igual que Ciudad El Cabo, ni Etiopía es igual que Marrakech; en fin ante tanto alborto por la verde, los mexicanos nos unimos con un color lleno de esperanza, y un grito de comunión por la paz. El fútbol nos debe ayudar a unirnos también por la economía, por un empleo digno, una vivienda digna. Vestirnos la camiseta verde significa defender los valores de la vida, en personas inocentes que no tienen culpa lo que hagan los mayores, y sobre todo luchar, fomentar la conciencia en nuestra vida diaria que hay más de diez millones de pobres en nuestro país que viven en extrema pobreza. En los acontecimientos mundiales como son las olimpiadas, los mundiales en la zona de autoridades, si son fijones y observadores hay un hombre gordo de tirantes, con gafas de pasta oscura, y un puro en la boca; ese gordito de tirantes va moviendo los hilos de los países ricos, pobres, en desarrollo, subdesarrollados…es el cristiano norteamericano que se lleva bien con los chinos, àrabes e judíos; es un mediador que está jugando en el campo más peligroso en estos momentos de amenazas y terrorismo. Su nombre Henry Kissinger, su habilidad mediar entre todos los países para que todo vaya más o menos bien. El mundo medático y diplomático necesita de este tipo de hombres negociadores de palabras, que aprovechan cualquier ocasión mundial para que los enemigos vuelvan a la amistad. Los católicos tenemos a Jesús de Nazareth, nuestro mejor diplomático, a Él acudimos todos los que en Él creemos. No necesitamos de diplomáticos con tirantes, necesitamos de hombres y mujeres que amen la cruz. El fútbol todos sabemos que es una afición, que nos puede unir para recuperar los valores de cada familia, y sobre todo para que haya paz, la paz verdadera, la del corazón arrepentido, y alegre; la paz que radicalmente nos convierte en lo que somos: buenas personas. Que este Mundial nos haga ver eso: que en el mundo sigue existiendo buena gente.
|