Fray Javier Acero
Les comparto la siguiente noticia.
“Dimitrios P. Angelopoulos, responsable de la oficina para el crimen cibernético en Europa, África y Oriente Medio en la secretaría general de la Interpol dice "El Vaticano no es el único objetivo, el objetivo puede ser todo sitio católico, o incluso el ordenador de un monasterio o de un sacerdote conectado en Internet". El agente explicó que para él sería muy fácil penetrar en el ordenador de un párroco perdido en Polonia y descubrir información confidencial o que puede ser manipulada por quienes quieren atacar a la Iglesia. "De hecho --reconoce-- bastaría ir a Facebook y analizar la información que algún sacerdote presenta en su perfil. ¡Hay que ser muy prudentes!". Como buen investigador, Angelopoulos se pregunta cuáles son los motivos que mueven a los piratas cibernéticos. "Dos", responde. "El interés político y el económico". "Los ataques a los objetivos católicos se deben al primer motivo", sigue diciendo en la conversación tras su encuentro con los obispos. "¿Y quiénes pueden tener motivos políticos contra la Iglesia?", se le pregunta. "Muchos", reconoce. "Por ejemplo, los fundamentalistas islámicos, que tienen muy buenos equipos de ataque cibernético". Pero entonces si los ataques a la Iglesia pueden venir de cualquier ordenador conectado a la red, como afirma el agente de la Interpol, entonces todos los religiosos acabarán paranoicos”. Hoy la Iglesia sigue siendo objeto de persecución por muchos frentes. Pero esto no tiene que ser obstáculo para continuar siendo mediadores entre los diversos conflictos que se generan a diario en el mundo. Me vienen a la mente las palabras del gran Juan Pablo II “no tengan miedo”. Así es, no hay que temer, hay que seguir adelante. Cuando uno utiliza la red de internet para comunicar, saludar, compartir también por lo que nos dice el sr. Angelopoulos hay riesgo. Pero qué más da, si esto es para bien de la humanidad. No nos queda más que unirnos con las diferentes asociaciones que ayudan a educar en el uso de la red, que presionan a las grandes empresas para poner orden en este mundo tan amplio. Lo peor de todo esto no sólo son los religiosos paranoicos, también son los niños, jóvenes y adultos que no sabe apreciar las personas que hay a su alrededor, porque están siempre sentados frente a la pantalla de su computadora. Utilizar la red para el bien de los demás, es un deber para los que estamos convencidos de nuestra vocación. Cuando sacamos lo mejor de nosotros a los que están a nuestro lado, no gozamos de mucho tiempo para aparentar con los que no viven con nosotros, pues nuestro reloj se desgasta con rostros e historias concretas.
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