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Sucesos pasados y presentes
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Vicente García Aracil
El liderazgo mundial, moral, económico y político
Durante el casi medio siglo que duró la llamada Guerra Fría, desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) hasta la caída del muro de Berlín y el subsiguiente desplome de la Unión Soviética (1989-1990), fue evidente el liderazgo económico, político, y hasta moral, de los Estados Unidos, pero hoy (para bien o para mal y bajo la dirección de Obama) ese anterior liderazgo se nos presenta como un tanto incierto. En efecto, tras la ruina general, causada por la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, con su oportuno Plan Marschal, no sólo levantó económicamente a sus arruinados aliados, sino que también sus antiguos enemigos: Alemania, Italia y Japón (caso único de generosidad en la Historia, pues lo habitual fue siempre castigar económicamente a los enemigos vencidos, y no ayudarlos). Los Estados Unidos fueron también el único baluarte verdadero, contra la que parecía una imparable expansión comunista (si bien falló en los casos de Cuba, de Vietnam y otros). Fue así mismo un promotor general de la democracia y de las libertades, aunque con frecuencia -y con un criterio más bien pragmático que moral- toleró a algunos tiranos y a dictadores, que sin duda le repugnaban. Esa benéfica influencia de los Estados Unidos. se debió a que es un país esencialmente cristiano, con 56% de protestantes y 28% de católicos, más 2% de judíos, y un reducido número de agnósticos, de musulmanes y otras minorías. Su religiosidad es notoriamente mayor que la de la Europa actual, ya más paganizada. Al afirmar Obama que “los Estados Unidos no son ni cristianos, ni judíos, ni musulmanes, sino un lugar, donde caben todos los hombres libres…” está señalando -a destiempo- su agnosticismo e indiferencia religiosa, quizá por sus raíces familiares musulmanas, lo que lo desubica de la Tradición Cristiana de los Estados Unidos, donde sus Presidentes juran su cargo sobre la Biblia (no sobre el Corán) y donde un 40% de su población asiste los domingos a sus iglesias, cifra mucho mayor a la de Europa. Donde Obama parece ir “a rumbo de colisión” contra la mayoritaria población cristiana americana, es en lo tocante a los valores morales, que no son negociables, ni por la Iglesia Católica, ni por las Protestantes, y donde Obama -consecuente a su formación profundamente liberal- está a favor del aborto, de las uniones entre personas del mismo sexo y a los experimentos con embriones humanos, lo que equivaldría a liquidar dos milenios de Tradición Cristiana. Es de esperar que la actual Administración de Obama acierte, para bien del mundo entero, a enderezar la desastrosa crisis económica, que ha heredado. Creemos que sí sucederá, y más pronto que tarde. Uno se pregunta, por otra parte: ¿Cómo pudo imaginarse Obama que iba a manejar, con puros diálogos y dizque diplomáticamente, las diferencias con los Ayatolas de Irám, cuando éstos reprimen con la mayor violencia, las manifestaciones pacíficas de su propio pueblo? Hasta aquí, y como cabía prever, Obama se está presentando como un líder débil e ingenuo. Resulta también inquietante que el izquierdismo y la obvia inexperiencia de Obama ayude a llevar a varios países latino americanos, a la esfera socialista-comunista de Venezuela y de Cuba, cuyos sistemas empobrecen, quitan todas las libertades y, además, son profundamente anti-americanos. ¿Se darán cuenta a tiempo de eso Obama y sus asesores demócratas americanos?
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