Beatriz Achirica
Mexicanos Intervenidos
Cierra los ojos por un momento e imagina que naces y te programan para que todo lo que digas en el transcurso de tu vida lo sepan los demás, es decir, te “intervienen” como a los teléfonos... Te preguntarás qué propósito tendría que alguien hiciera algo semejante y yo te rogaría que dejáramos esa pregunta para el final de esta reflexión. Por ahora quisiera que me acompañaras a pensar en la cantidad de ocasiones que desearías que se pudiera borrar aquella grabación conteniendo juicios emitidos sin cuidado, mentiras, murmuraciones, difamaciones, chismes, etcétera. Al considerar que este tema tiene una gran relación con la tan conocida para unos y tan desconocida para otros palabra “vergüenza”, comenzaré por tratar de entenderla: La vergüenza puede ser una turbación del ánimo que suele encender el color de nuestro rostro y que puede ocasionarse por alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena: estoy segura de que sabes muy bien a qué me refiero con esta definición pues creo poder afirmar que en algún momento de nuestra vida todos hemos sentido algo semejante (aunque sea sólo por una vez y cuando éramos niños). Ahora bien, también vergüenza es pundonor, es decir, estimación de la propia honra y es en esta definición en la que encontramos hombres y mujeres de vergüenza, es decir hombres y mujeres que se saben seres humanos y que como tales estiman y respetan su propia dignidad o que gozan de buena opinión y fama, mismos que han adquirido por la virtud y el mérito. Es en este concepto en el que ya me cuesta un poco más de trabajo ubicarnos como hombres y mujeres de vergüenza, pues no obstante todos parecemos tener cierta inclinación a serlo, no todos logramos entrenarnos para ver cristalizada la inclinación en un comportamiento. Quisiera preguntarme y preguntarte qué nos dolería de sabernos “intervenidos” y para ello he pensado en varias opciones de respuesta: la vergüenza de que sepan quiénes somos realmente, la violación a nuestra mal entendida “libertad”, la imposibilidad de actuar de manera hipócrita, el perder la posibilidad de perder tiempo enjuiciando la vida de los demás y tener que invertir más en la nuestra… Ahora bien, volviendo a esa pregunta que nos hicimos al inicio de nuestra reflexión es decir al propósito que tendría que alguien hiciera algo semejante como “intervenirnos”, te diría que, en mi opinión, eso sólo estaría autorizado a hacerlo alguien que habiendo estado “intervenido” nunca hubiera fallado y quisiera compartir la enorme felicidad que produce ser perfecto y nunca fallar, pero como eso no es posible ¿cuál sería el propósito? No estoy segura excepto que fuera por salvaguardar el bien de los demás en cuyo caso se podría justificar… Fallarnos a nosotros mismos más que vergüenza debiera producirnos dolor… Probemos “intervenirnos” antes de que alguien más lo haga y al final de cada día escuchemos con atención todo lo que dijimos quizá ese día como hombres y mujeres de vergüenza y no sólo por la vergüenza de lo que somos y hacemos, empecemos a cambiar.
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