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Sucesos pasados y presentes
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Vicente García Aracil
familia, refugio de afecto, de paz, y de seguridad
La Ante la frecuente indiferencia, si no es que incluso hostilidad, del mundo exterior, la familia se nos ofrece como un reducto íntimo de afecto, de paz y de seguridad. En la familia, a cada uno de sus miembros se le aprecia y se le valora por lo que es; no por lo que tiene o por lo que puede ofrecer. Aquí cuenta el ser; no el tener o el poder. Tanto es así, que los miembros menos favorecidos, en salud o en aptitudes, suelen ser los que reciben las mayores atenciones, por ser quienes más las requieren. También y ante todo tipo y de adversidades -como la actual y desastrosa crisis económica, que se nos está viniendo encima- la familia es el último refugio al que acogernos… Mientras no mejoren las cosas. Eso hace que la familia sea como un microcosmos, o pequeño mundo, en el que de un modo natural, se practican las virtudes de la fidelidad, la generosidad, la responsabilidad, la prudencia, la justicia (que debe de preceder siempre a la caridad) y de tantas otras virtudes; que hacen de la familia una escuela para la vida y para la formación de futuros ciudadanos, que hagan progresar a la sociedad en un ambiente de justicia y de paz. No se explica, pues, cómo en nombre de una supuesta libertad, muchos gobernantes de Europa -y también de nuestra América- promueven leyes y actos, que agreden a la familia, la cual está siendo atacada, hoy más que nunca; con el aborto, la eutanasia, los llamados divorcios exprés, el matrimonio entre personas del mismo sexo y espectáculos de desnudos colectivos, en nuestras principales plazas. Y lo peor es que esos gobernantes están siendo respaldados por buen número de votantes. ¡A tal grado está llegando la paganización de nuestra sociedad! La familia debe de estar constituida por la unión de un hombre con una mujer, más los hijos que eventualmente se tengan. Esto que se ve tan natural, y tan necesario para la sana propagación de la humanidad, no es debidamente valorado por algunos grupos. También hay muchas personas, excelentes, generosas, y que siguen haciendo mucho bien, pero que su matrimonio fracasó, por diversas deficiencias graves, que hicieron que éste fuera por ello reconocido por la Iglesia como inexistente. Merecen nuestro afecto y solidaridad en su desgracia.
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