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Otiolum

Alberto Ross

Enseñanzas de calendario

 

jaross@up.edu.mx

 

Sócrates, filósofo griego del siglo V a. C., solía repetir entre sus amigos que el vicio no era otra cosa que ignorancia. Cuando obramos mal, según el filósofo, es porque no sabemos lo que en realidad hacemos. De acuerdo con Sócrates, la tentación nunca nos vence.

 

La explicación socrática del vicio es poco convincente para la mayoría de los estudiosos de la conducta humana; aunque eso sí, más de una consciencia intranquila se podría ver seducida por el “no sabía lo que estaba haciendo…”. Al margen de ello, creo que podemos encontrar una buena parte de verdad en aquella tesis socrática.  Pensemos un poco en el caso de la finitud humana.

 

¿Sabemos todos que vamos a morir algún día? Si hicieramos una encuesta entre  nuestros allegados, es probable que sólo encontremos respuestas afirmativas. Si alguien se considerase eterno, nosotros lo consideraríamos loco. Sin embargo, Sócrates nos podría increpar con una pregunta: si todos sabemos que vamos a morir, ¿por qué perdemos, irreflexiblemente, el tiempo? Es más, ¿por qué cuando recibimos un diagnóstico fatal que nos augura poco tiempo de vida, revolucionamos nuestro proyecto vital? ¿Por qué nos sentimos sobrecogidos frente a la muerte de una persona con la que tratamos cotidianamente? Parece que hay muchas maneras de “saber” que vamos a morir. Sin duda, desperdiciar el tiempo es vivir “como si” creyeramos que somos eternos, es decir, como ignorantes de nuestra propia finitud. Sócrates no estaba tan errado. Perder el tiempo implica, de alguna manera, no saber lo que estamos perdiendo.

 

Que el calendario nos recuerde en noviembre nuestra finitud justo antes de festejar el nacimiento por excelencia es un dato curioso. Nos recuerda que antes de comer uvas, hacer propósitos de año nuevo, y hacer promesas, debemos considerar nuestra finitud. “El tiempo es eternidad”, dice un autor contemporáneo. Esto no es una apología del workaholic, pero tampoco del cortoplazismo. No hace falta una reconstrucción dramática de la condición humana para aceptarla como es. Con todo,  no viene nada mal poner en perspectiva el calendario completo en medio del trajín  del maratón  de “San Jalogüin” al “Guadalupe Reyes”.

 
 

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