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La cultura náhuatl, un ejemplo a seguir

Mauricio Melgar

Para tratar este tema Todo México Somos Hermanos platicó con el maestro Motenehuatzin Xochiteotzin Ortega, profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, entre otras actividades educativas.
El entrevistado indicó que existen tres ejes que constituyen los orígenes del pensamiento filosófico del pueblo náhuatl: la poética, fundamentalmente la de los icnocuicatl (cantos de orfandad); la ética discursiva, manifiesta en los Huehuetlatolli (antigua palabra) y el difrasismo.
Destacó que uno de estos núcleos temáticos que podría aplicarse en el México de hoy, es el de la ética, formulada a través de un ejercicio lingüístico-oral, llamado huehuetlatolli, el cual es el máximo ejemplo de la retórica.
Además hizo hincapié, que en el caso explícito del difrasismo, es un principio operativo conceptual que puede ser manejado casi como si fuese el raciocinio: con dos palabras conocidas, a veces análogas, a veces equidistantes y a veces hasta paradójicas, se crea un tercer sentido. “Cuando nosotros decimos el clásico de poesía in xochitl in cuicatl (flor y canto), pero la conjunción de las dos, dan a entender poesía”.
Expresó que otro difrasismo que es también de los maravillosos es Tloquenahuaque, que Xochiteotzin Ortega considero traduce como omnipresente porque tloc y nahuac son dos palabras que significan junto y cerca o en la cercanía; si se le coloca la letra e (significa le pertenece o es de); entonces Tloquenahuaque quiere decir el que tiene la facultad de estar junto o estar en la cercanía.
Algunos autores lo traducen como dueño, dueño del cerca y del junto, pero este difrasismo se utiliza, por ejemplo, para el papá o la mamá que siempre ha estado contigo, que está a tu lado y junto a ti, significa esta idea de permanencia. En la idea occidental sería omnipresente.
El investigador enfatizó que en la cultura náhuatl, una conformación del discurso con ciertos principios ordenadores que, en cualquier otra sociedad que tenga un sistema educativo como el nuestro se deben conformar, es decir; en la primaria, en la secundaria o en la preparatoria, nos deben enseñar la conformación elocuente del discurso.
El hombre náhuatl tenía una conciencia de estar inmerso en un orden (nosotros también pensamos, a nivel de física y de matemáticas, en el terreno de la astronomía, que todo de alguna manera forma un orden, pero no tenemos consciente), todo tenía que ser armónico o estar en correlación con éste.
Los cronistas novo hispanos, de los siglos XVI y XVII, enfatizaron eso: a los niños y a los jóvenes se les enseñaba retórica. Entendiéndola como el arte de la disertación que ellos habían recibido en herencia de la Edad media; ciertamente, que las personas guardaban en su hablar, un tipo de conformación o de normatividad, ya que había una estatificación clarificada entre los niños, jóvenes y adultos no solamente a través de conductas o de roles, sino también por medio del lenguaje.
Lógico, dijo Motenehuatzin Xochiteotzin, que nosotros estamos inmersos en una sociedad donde, la noción de libertad se ha abierto tanto y se ha hecho tan polisémica que cada quien la interpreta de diferentes formas.
Con relación a la filosofía, comento el investigador, lo que llamaríamos Tlamatiliztli, porque tiene otras implicaciones, tal vez podríamos ver sólo dos ejes: el primero sería del hombre hacia el hombre, con relación a lo que es, como se conceptualiza a sí mismo; qué entiende por su propia naturaleza; cuál es su porvenir, cómo se comporta o cuál es su capacidad de interacción con los demás, con relación a cómo debe vivir acorde con sus diferentes etapas del desarrollo, desde su nacimiento hasta una posible muerte.
Producto, tal vez de esta vertiente, sería la vertiente hacia Dios, en la búsqueda de los Tlamatinime (algo parecido a los filósofos), paralela o a propósito, tal vez conflictuada con la religión comunitaria; respetuosa con la vida de fe de la comunidad.
En los icnocuicatl constantemente se le cuestiona, se plantea y replantea a Dios: quién eres tú; cómo haces las cosas; por qué somos cómo somos... En algunos otros discursos aparece continuamente un ejercicio constante de intentar nominalizar a Dios, tratar de conocerlo a través de colocarle nombres.
En todas las religiones monoteístas existe esta necesidad de buscar los atributos divinos a través de sus nombres, y por medio éstos se constituyen un concepto de Dios, no de dioses porque en la religiosidad popular había muchas “divinidades”.
 
 
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Sobra esto

Desde los escritos de Sahagún, nos encontramos que eran más bien, como “canonizados”, pero por encima de todos ellos había uno que tenía la primacía; y esto a nivel teórico se llamaría enoteísmo y todos los nombres van expresando esa necesidad de conocer más a Dios, de profundizar en Él, de resolver la incógnita de cómo es Él y por qué las cosas son como son y actúan como actúan, a pesar de Él o con razón de Él.
La segunda vertiente sería esa: en la búsqueda de los Tlamatinime, de saber cómo es Él.
Dentro de la sociedad náhuatl había una estructura ordenada de cada una de sus partes en las que ellos habían considerado, y yo creo que a nivel milenario, la necesidad de conformar un “contractualismo”, jugando con categorías occidentales, donde quien llevaba la voz del gobierno tenía la capacidad de gobernar y de mantener a la misma sociedad, la cual aceptaban ese principio esencial.
El entrevistado mencionó que en del desarrollo del análisis de nuestras sociedades, el hombre náhuatl entendía la autoridad, pero también entendía la capacidad; no se podía nombrar a un Tlatoani (gobernante) sólo por el hecho de ser hijo del Tlatoani vigente, el futuro gobernante debía demostrar su capacidad; de tal manera que si revisamos las formas de sucesión de los Tlatoani de México-Tenochtitlan vamos a encontrar que en algunas ocasiones son hijos, en otras primos, sobrinos o tíos porque la circunstancia social ameritaba al mejor.
Ahora, si había clases sociales, con relación directa a la capacidad productiva, pero también a la capacidad organizativa de la propia sociedad; a los hijos se les enseñaban las actividades propias de los padres, pero no solo con relación directa a la repetición de los roles con respecto al trabajo; sino con la autosuficiencia del individuo, ya que no es oneroso al estado; por lo tanto tiene derechos.
Por ejemplo, quien ha llegado a la edad de merecer el matrimonio, que ha sido educado en el Calmecac o en el Tepochcalli; que pertenece a un Calpulli (barrio), entonces tiene derecho a que se le asignen tierras para cultivo, para el bien de mi propio desarrollo.
Hemos encontrado que los Huehuetlatolli son los puntos de referencia o discursos en la formación de las conductas prototipo para la siguiente etapa de desarrollo humano, entendidas desde la psicología; tal vez es el número siete, con relación a los años. Cuando el niño nace y llega a los siete años alcanza el uso de la razón, de la conciencia. A los 14 años ya está más fuerte, en la adolescencia. A los 21 años se encuentra en vísperas de solicitar estado matrimonial, dentro de la propia sociedad. A los 28 años está más o menos repitiendo el esquema de su padre, pues tendrá un hijo al que dirigirá o formará.
Existen diferentes Huehuetlatolli encontramos que cada uno conforma parámetros a seguir. Los hay para las personas que ya quieren casarse, para los casados o para los que mueren.

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