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Dos nuevos libros que no puede dejar de tener:





Búscalos en Gandhi, en Un Lugar de la Mancha y El Péndulo





Hugo Gutiérrez Vega, peregrino del deseo

Mauricio Melgar

Actualmente dirige el suplemento cultural de La Jornada Semanal.
Todo México Somos Hermanos lo entrevistó para conocer su opinión en torno de la poesía y acercar a los lectores a su vida y su obra.
“Mi trabajo con la poesía empezó muy pronto yo, desde muy niño era lector de poesía, de lo que me encontraba, por supuesto, pero sobre todo de dos poetas que algo tenían que ver con mi lugar natal; Jalisco, en particular Lagos de Moreno, que eran Francisco González León y Alfredo R. Plascencia. De la mano de ellos entré a la poesía, después fue para mí muy importante la generación del 27, sobre todo García Lorca, Alberti, después Cernuda, Salinas. Después pasé a los ingleses, particularmente a T. S. Eliot y tengo gran afinidad con la poesía inglesa, estudié literatura inglesa en la Universidad de Michigan y muy joven estuve también en el Actor’s Studio en Nueva York, tomando cursos de actuación; entonces han sido las dos constantes de mi vida: el teatro y la poesía”.
Gutiérrez Vega afirma que ha mantenido su oficio con una serie de trabajos para sobrevivir. “Son trabajos que valoro muy profundamente como la diplomacia, la cátedra y el ejercicio del periodismo, que es a lo que me estoy dedicando últimamente”.
Su primer libro lo publicó estando en Roma, como agregado cultural de la embajada, se titula Buscado Amor. “Un título muy del estilo de Salvador Novo, es un libro que ahora leo y que reconozco en parte y en parte no; y que la última vez que lo releí me pareció que no estaba tan mal, pero es señal de que ya estoy debilitándome... El segundo libro se titula Desde Inglaterra, muchos de mis libros tienen que ver con las ciudades en las que he vivido, los países que he visitado; son experiencias de viaje y un acercamiento a otras culturas, otros pensamientos a otras realidades humanas, es la sustancia de mi trabajo poético...
Mis primeros poemas surgieron, en buena medida, de la lectura de la poesía de otros; por un deseo de imitación, pero fundamentalmente por una necesidad de escribir, de expresarme y sobre todo, de conocer la poesía; porque yo creo que ese es el primer paso que hay que dar: conocer a fondo el fenómeno artístico de la poesía y conocer sus reglas; porque tiene sus reglas, yo diría que bastante estrictas, para después violarlas alegremente”.
 
Sólo un escribidor de poemas
 
Para Gutiérrez Vega es difícil ya considerarse un poeta. “Yo todavía me considero un escribidor de poesía. El que lleva la lista muy estricta de los poetas en este país es Álvaro Mutis, y creo que no estoy en su lista; entonces seré simplemente escritor de poesía, con intentos a veces logrados, a veces frustrados... Hablo en un texto de cómo el poema crece como un árbol y de repente se desploma, pero aún quedan unas ramas vivas y esas ramas vivas, todavía verdes, son capaces de hacer que los pájaros se posen en ellas y de esta manera la poesía sigue viviendo a pesar de que se desplome el árbol. Si a lo largo de la vida se escriben dos o tres buenos poemas ya es suficiente, ya debe uno sentirse contento, porque la aventura con la poesía es muy peligrosa, la poesía es muy exigente: lo que vale flota, lo que no vale se hunde de inmediato”.
Para él la poesía es, de alguna manera, el reflejo interior de lo que pasa en el exterior. “El acercamiento a otros países, a otras culturas produce un impacto en el interior y además, decía García Lorca, que él era poeta por la gracia de Dios o del demonio, que no estaba muy seguro de cuál de los dos, pero que sobretodo lo era, por darse cuenta de lo que es un poema... El poema, cuando sale de las manos se vuelve un organismo auto suficiente, se separa de su autor y es una creación, por eso el poeta es creador”.
 
Pablo Neruda y la poetización de lo cotidiano
Dice Hugo Gutiérrez Vega que, con Neruda, todo se hizo poetizable: “hasta unos anteojos viejos en un basurero, una bicicleta herrumbrosa o cosas más bellas, como el paso de una hermosa muchacha corriendo detrás de un autobús para tomarlo, en fin, todos los momentos de la vida humana se volvieron poetizables”.
Para nuestro entrevistado, el amor es uno de los temas centrales: el encuentro, pero también el desencuentro, la memoria y el olvido. “Yo diría que todo el repertorio de lo humano pertenece al terreno de la poesía.. Me parece que si tenemos algo compensatorio en esta vida es el acto amoroso; es lo que nos permite sobrevivir, sobrellevar todas las vejaciones de lo cotidiano... Para mí la pantalla de cine fue una educadora sentimental, en la generación de ahora es la televisión, pero en la pantalla de cine uno aprendía a decir cosas, a besar; bueno, en realidad uno aprende por instinto, pero se perfecciona con las lecciones cinematográficas”.
Comenta que la influencia de Grecia es decisiva en sus últimos libros: Los Soles Griegos, Cantos del Despotado de Morea y Una Estación en Amorgós. “Son producto de los siete años y medio de mi vida en Grecia y de mi acercamiento, no sólo a la realidad cultural, sino a la realidad social griega; en éste último, los poemas hablan de la gente de la Isla de Amorgós, un pequeño poblado y de los personajes de todos los días en la isla: el cura, la prostituta, el jefe de correos, el panadero, el burrito que pasa llevando flores, homenajeando de esta manera a Juan Ramón Jiménez y todos los personajes de la vida cotidiana, entonces es un libro sobre la vida cotidiana”.
 
 
 
Para el perro de la carnicería
Hay una anécdota curiosa: “alguna vez presentando el libro de Los Poemas para el Perro de la Carnicería, en una universidad francesa, uno de los jóvenes que asistió a la presentación me dijo: sin duda que su título es surrealista, dadaísta y le dije no, no, es un albur jaliciense. El libro lleva un epígrafe que dice: ‘pensar que llegar a quererte, es creer que la muerte se pudiera evitar’... Y también me preguntaron si esta era una frase de Gabriel Marcel que era un existencialista católico francés y le dije que no, que es una canción cubana que se llama Total y es tan acertado como la frase de Marcel, quien dice que decirle a alguien “Yo te amo” significa decirle: tu no has de morir. Esto demuestra con mucha claridad que la buena poesía se hace en todos lados: la hacía Homero, la hacía Dante, pero la hace también César Portillo de la Luz y José Alfredo Jiménez”.
 
La originalidad y los atributos de la poesía

“Yo diría que uno de los atributos que debe contener un texto para considerarse poesía es el conocimiento de las reglas y la historia de la poesía otro elemento es la idea de la música porque cada poeta tiene su propia idea de la música, la poesía y la música son primas hermanas; otro sería el conocimiento de un idioma y la originalidad, porque como decía López Velarde, la única originalidad poética es la de las sensaciones. Si no se tienen sensaciones originales es difícil hacer poesía. Por último está lo que podríamos llamar la visión formal para estructurar el poema”.

Dice nuestro poeta que “la estructura del poema es como un castillo de fósforos, cualquier movimiento en falso lo descompone; entonces el fenómeno poético es algo muy complicado. El poema entra por la sensación y después vienen ya las versiones personales de la lectura. El poema entra por los sentidos y por eso la música es tan importante”.
Agradezco profundamente a don Hugo que me haya permitido entrar a su bazar de asombros y compartirlo con ustedes.

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