Tere Aviña
Se hace camino al andar
Dicen que los mexicanos somos impuntuales. Yo pude comprobar que esto es mentira el pasado 14 de noviembre cuando a las 9 de la mañana, al sonar el disparo de arranque para iniciar la carrera y la caminata en apoyo a las personas con parálisis cerebral, ya se encontraba lleno, a reventar, el lugar de la cita, en las cercanías de la oficina de Actividades Deportivas de Ciudad Universitaria. Dicen que los mexicanos somos flojos. También eso se convirtió en una falsedad cuando familias enteras empezaron a correr y a caminar con gran energía y entusiasmo por el circuito exterior de la institución, con el único propósito de convivir, divertirse, ayudar y poner a prueba su condición física. Dicen que los mexicanos somos poco solidarios. No es cierto. Fue impresionante la respuesta que tuvimos los que gozamos del privilegio de estar frente a un micrófono radiofónico e invitamos a conocer y a convivir con gente que vive en una condición causada por heridas en aquellas partes del cerebro que controlan la habilidad de mover los músculos, pero cuya inteligencia no está en absoluto afectada. Dicen que los mexicanos no sabemos escuchar y este concepto también está completamente equivocado. Fue muy emocionante ver como personas de todas las edades se acercaban a las sillas de ruedas de las niñas y niños que tienen mucho que decirnos y que aportar a nuestras vidas a escucharlos con atención y paciencia, aunque el esfuerzo doble que hacen los músculos de su boca no siempre les permita que su voz sea tan clara como su pensamiento y a la velocidad que estamos acostumbrados a escuchar en este mundo acelerado en el que vivimos. Dicen que la honestidad no es una cualidad de los mexicanos. Sin embargo yo vi claramente que aun cuando no había vigilancia para ver quién pagaba la inscripción para la Caminata a favor de las personas con parálisis cerebral, la gente se acercaba a los módulos y hacía la fila pacientemente hasta que los entusiastas voluntarios recibían su pago y entregaban el paquete con la camiseta blanca que momentos después luciríamos todos con orgullo, formando parte del río blanco de seres unidos por una causa, durante el alegre recorrido de 5 kilómetros. Por todos estas aseveraciones acerca de los mexicanos que se repiten una y otra vez y que pude darme cuenta ese domingo especial de que afortunadamente son mentiras, quiero dar las gracias a los niños y adultos con parálisis cerebral. Fuimos a brindarles una ayuda a ustedes y nosotros resultamos los ayudados. Su fuerza fue la que movió nuestras piernas, nuestro corazón, nuestro pensamiento durante esas horas en las que pudimos convivir con ustedes. Nos dimos cuenta de que la discapacidad no es una limitación sino simplemente una circunstancia, que aunque el cuerpo pueda estar preso por diversas razones, para el corazón no existen prisiones. Entendimos que las personas que están cerca de ustedes y que los atienden con tanto cariño y paciencia lo hacen con gran gusto y recibiendo una recompensa superior al esfuerzo que realizan. Hicimos conciencia en esta convivencia de lo urgente que es unirnos y realizar acciones concretas para ayudar a aquellas personas con parálisis cerebral que no han sido ayudados todavía, que viven en una familia en la que, quizás por desconocimiento, no son aceptados, valorados y atendidos. Y sobre todo nos devolvieron la esperanza de que podemos tener un México que no se divida en dos, y en un lugar estemos las personas con discapacidad y en otro las que aparentemente no la tienen, sino que podemos tener un mejor país en donde convivamos juntos con las mismas oportunidades de tener una óptima calidad de vida, en donde aprendamos unos de otros y nos enriquezcamos mutuamente. Todavía nos falta trabajar mucho a todos, cada quien desde el lugar donde nos encontramos, para lograrlo. No queda solamente en una caminata, pero por la esperanza GRACIAS A TI que nos uniste en una mañana inolvidable.
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