Si te involucras, algo bueno puede pasar...

El lado humano del periodismo, programa radiofónico de la Fundación para la Promoción del Altruismo, I.A.P., conducido de lunes a viernes por Tere García ¡ahora también en Internet!

Chat   |   Buscador

 

Síguenos en: @todomexicosomos y en: Todo México Somos Hermanos

 

Anunciación Publicaciones     Noticias Ligas Directorio Colaboración
[../includes/menu_izquierdo.html]

MIRAR EN LO PROFUNDO

Ana Teresa López de Llergo

   La unidad como valor

 

 
¿Qué es la unidad?

La persona como individuo está compuesta por una multitud de células que se agrupan y forman tejidos, órganos, etcétera. Además, la persona vive estrechamente unida a sus semejantes, con quienes entabla vínculos muy variados, horizontales y verticales, de prestar ayuda o de recibirla. Con las relaciones mutuas los seres humanos se desarrollan.

 

El hombre en su realidad singular (porque es <<persona>>) tiene una historia propia de su vida y sobre todo una historia propia de su alma. El hombre que conforme a la apertura interior de su espíritu y al mismo tiempo a tantos y tan diversas necesidades de su cuerpo, de su existencia temporal, escribe esta historia suya personal por medio de numerosos lazos, contactos, situaciones, estructuras sociales que lo unen a otros hombres; y esto lo hace desde el primer momento de su existencia sobre la tierra, desde el momento de su concepción y de su nacimiento. El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social –en el ámbito de la propia familia, en el ámbito de la sociedad y de contextos tan diversos, en el ámbito de la propia nación o pueblo... [1].

Por lo tanto, podemos hablar de dos tipos de unidad: la de cada persona y la de las personas entre sí. Pero, antes de hacer cualquier otra afirmación, conviene definir la unidad. El diccionario de la lengua castellana nos dice: “Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere”.

 

La unidad de cada persona se reconoce por el cuidado que ponemos para evitar cualquier daño y para conservar nuestra integridad. Desde la más tierna edad manifestamos esta tendencia. Por ejemplo, los pequeños procuran llamar la atención de los mayores para que sepan dónde están y cuenten con su ayuda y protección si surge algo o alguien con intención de lastimarlos. Además, desde nuestra infancia nos damos cuenta de que necesitamos a los demás para conservarnos bien. Está presente la dimensión individual y la comunitaria.

 

En el binomio personal-social se encuentra el cómo vamos a conseguir nuestro desarrollo. El esfuerzo ha de concretarse en mantener el equilibrio entre estas dos tendencias. Si subrayamos lo personal acabaremos siendo unos egoístas, aislados o siempre a la defensiva. Si, en cambio, nos dejamos influir totalmente por lo que dicen o hacen los demás, careceremos de personalidad y seremos como parásitos que no aportan y viven de los demás.

 

La colaboración sí se da cuando ponemos nuestros mejores esfuerzos para ayudar a los demás pues somos protagonistas en compañía de los demás. Además, la ayuda mutua puede consistir en compartir festejos como la Navidad. Celebrar en compañía es doblemente fiesta.

 

Este es un aspecto muy importante y en él se manifiesta el valor de la unidad: nos respetamos y respetamos, les alegramos y nos alegran. Así se logra un buen modo de fomentar la auténtica convivencia.

 
La educación como búsqueda de la unidad
 

La educación nos lleva al desarrollo personal y social. Por eso, la actividad educativa ha de buscar el modo de ayudarnos a reconocer nuestras fortalezas, a evitar aprovecharlas sólo para nosotros mismos e impulsarnos a ponerlas al servicio de los demás. Pero, también, nos ayudará a descubrir las fortalezas en los demás y a estar dispuestos a recibir su ayuda.

La educación social necesita apoyarse en la virtud de la humildad para que quien deba aportar no sienta vergüenza de lo poco que puede hacer comparándose con lo mucho que otros dan. Cada uno ha de estar dispuesto a participar de acuerdo a sus posibilidades. También evitará que alguien sobrevalúe su ayuda, menosprecie a los destinatarios y por ello deje de actuar.

 

Los beneficios de la educación en este terreno son invaluables pues a nivel personal se logra una satisfacción muy particular y profunda, como resultado de observar el avance de los demás gracias a la apertura y reciprocidad.

 

Por último, diremos que la unidad como valor satisface los anhelos de paz, provoca un enriquecimiento polifacético en la intimidad de las personas por la apertura ante las experiencias ajenas. Y, la sociedad será segura pues los ciudadanos tendrán certeza  de que se les prestará ayuda  cuando la requieran.



[1] Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 14.

Anunciación   |   Publicaciones   |   Noticias  |   Ligas   |   Directorio   |   Colaboración

Derechos Reservados ® 2005 Fundación para la Promoción del Altruismo, IAP
Campos Elíseos No.39 Esq. Suderman, Colonia Polanco C.P. 11560 Tels. 52.50.41.72 y 41.84 Fax. 55.31.85.85