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Hechos con amor

Guadalupe Esquivias

   Voluntariamente con voluntad

  

 

Esta es la última columna del ya agonizante 2004. Espero que todos aquellos que me acompañaron con su lectura, mes con mes, hayan cumplido sus propósitos planteados al iniciar el año, si es así, tal vez sus pulmones se lo agradecen por haber dejado de fumar; su hígado le da un aplauso por no tomar ni una copa más; su organismo está feliz, puesto que recibe ahora sólo alimentos que no le causan daño como resultado de una dieta que lo hace sentirse mejor. O quizá dejó atrás las manías que tanto afectaban a los que viven a su lado, no ser impuntual y ahora llega a tiempo a sus citas; ya tiende su cama antes de salir de su casa; levanta su plato al retirarse de la mesa o ya no aplasta la pasta y cierra la llave del agua al momento de lavarse los dientes.

Estos son algunos propósitos clásicos con los que se inicia un nuevo año, muchos de ellos sonarán sencillos, pero en el fondo a cada uno de nosotros nos cuesta convertirlos en una realidad y más cuando se tiene la adicción al cigarro, alcohol, droga o comida.

Y mucho tiene que ver la voluntad que es la capacidad para hacer o no algo. Esta actitud tiene que estar llena de energía, capacidad y firmeza para poder lograr lo que se quiere.

Con voluntad uno puede renunciar a un cigarro, a una copa, a un químico o a un pedazo de pan, siempre y cuando se tenga la firmeza de pensamiento y se esté convencido de que es lo mejor para ver cristalizado el deseo de dejar de fumar, beber, drogarse o comer en exceso.

Hay quienes en realidad disfrutan de un buen tabaco, un vino o una comida, pero cuando su deleite sobrepasa la medida que perjudica al organismo es ahí cuando entramos en conflicto.

Entonces es cuando entran las emociones: fumo porque me relajo; tomo porque me olvido; me drogo porque evado la realidad y como porque creo llenar el hueco de la soledad. Se podría decir que lo anterior marca la delgada línea entre el gusto y la adicción.

En una amena charla que tuve con una persona AA, me dijo que el reconocer que se está enfermo de las emociones, tiene un proceso muy doloroso, ya que la alteración de éstas provoca actitudes que pueden llegar a generar circunstancias extremas como el beber; perder el control y originar daño físico o emocional a la familia o parientes, comer en exceso o dejar de comer ocasionando un daño terrible al organismo, drogarse y cometer actos que dañan a los demás.

Me explicó que un enfermo de las emociones tiene crisis en los momentos menos oportunos, pero hay quienes a pesar de pisar fondo siguen en ese círculo que tanto dañó a él y a la familia.

La persona a la cual me refiero ahora tiene cuatro años de no beber y asegura que el hablar de los motivos que lo orillaron a introducirse al mundo del alcohol fue una cadena familiar que poco a poco ha tenido que entender para poder restablecer muchos momentos de su vida en los que no entendía porque a pesar de que la bebida causaba estragos en su organismo y en sus relaciones interpersonales, hasta que se aceptó como enfermo de sus emociones y puso toda la fuerza de voluntad para vivir sólo por hoy.

También recuerdo cuando fui a entrevistar a Gerardo N un tragón anónimo que bajo más de 80 kilos, él me platicó que había momentos en que recordaba como desde pequeño fue rechazado por su gordura en la escuela y eso le provocaba un gran dolor en el alma que trataba de aminorar comiendo, aunque nunca llenaba ese hueco que no era más que el de las emociones y sentimientos encontrados que no lo dejaban ser feliz.

Al hacer esa entrevista entendí entonces que muchos de los que están inmersos en las adicciones no pueden ser llamados viciosos, sino enfermos de las emociones y sentimientos.

En el cierre de este año deseo de todo corazón que cada uno realmente haga un examen de conciencia, con el fin de liberarnos de las adicciones, de no poder hacerlo por nosotros mismos, podemos acudir a las diversas instituciones dedicadas a ello, aquí en Todo México Somos Hermanos, mes con mes, publicamos información de las diversas opciones y programas que se implementan para vivir libres de adicciones.

Finalmente, quiero desearle a usted una feliz Navidad y un muy próspero año 2005.

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