José Augusto García Lizama
Más sobre la amistad
En nuestra colaboración anterior, afirmamos que también entre mujeres –no sólo entre hombres- hay una gran disposición a la amistad así como la ayuda y comprensión mutua; ello, aunque hasta hace algunos años no se hayan realizado muchas amistades femeninas, en virtud de que la mujer permanecía en casa, educándose principalmente en función de un hogar y en espera del hombre que la hiciera feliz. Por su parte, no obstante que muchos afirman que no es fácil sostener una sincera amistad que perdura entre hombre y mujer, ya que esta relación termina o va encaminada a relaciones sexuales, no se puede concluir, por ello, que entre hombre y mujer no pueda haber amistad. En efecto, tenemos ejemplos de verdaderas amistades místicas que embellecieron la vida de santas y santos como Clara y Francisco de Asís; Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, Y no sólo entre santas y santos, sino entre personas comunes y corrientes de todas las épocas, encontramos gran comunicación amistosa de grandes frutos, según el grado de madurez afectiva y espiritual. Con respecto a la amistad entre esposos, se solía decir antiguamente que era casi imposible, pues, injustamente, no se consideraba a la esposa capaz de ser amiga. No obstante, a medida que avanza el tiempo y decae el machismo, nos damos cuenta que parejas se conocen, se tratan, se hacen verdaderos amigos y, al haber entre ellas un más profundo conocimiento, después surge el amor y deciden casarse. En realidad, estos matrimonios, resultado de verdaderas amistades, son efectivamente más duraderos y resistentes a las dificultades. Ahora bien, por cuanto a la amistad entre personas unidas por lazos familiares –padres e hijos, hermanas y hermanos-, podemos decir que en pocas familias existe, porque aunque se crea que por vivir bajo el mismo techo se conocen perfectamente unos y otros, si no hay diálogo, no puede haber intercambio de ideas y por lo tanto no hay amistad propiamente. En la antigüedad, por lo general, los hijos apenas hablaban con sus padres, ya que por considerar que les debían respeto y obediencia, no se sentían con derecho a intercambiar ideas o sentimientos profundos; y, entre hermanos lo que generalmente hacía difícil la amistad, era una especie de pudor que dominaba sus relaciones. Ello, naturalmente, no quería decir que la amistad entre personas de una misma familia sea imposible; al respecto hay numerosos ejemplos de amistad familiar que así lo apoyan. Por cuanto a la juventud, cada vez más, se observo que quiere y demanda que la amistad sea genuina, fruto de un libre intercambio de ideas y del diálogo, con el fin de conocerse más a fondo y enriquecerse recíprocamente, misma que sin exigencias ni condiciones impuestas, ayude a que el amigo o los amigos se superen de sus errores de la inexperiencia, valiéndose en todo caso de la crítica constructiva que ofrezca apoyo espiritual y que, sobre todo, no haga distinción de raza, creencia, nacionalidad o posición social o edad; por lo que quieren los jóvenes una amistad abierta a todos. Afortunadamente, la juventud en la actualidad, ya no sigue considerando como verdadero amigo al compañero de pandilla o de “aventuras”, sino que a ellos los considera y trata como a un simple “amigote”, o bien, al compañero de lucha por un ideal político, lo trata y considera como a su camarada. Hoy, en fin, prefiere, más bien, que su o sus amigos sean más sinceros, confiables, íntegros, altruistas. Finalmente, entre las características de la amistad, vale la pena reiterar que amistad es afecto desinteresado que facilita la comprensión, guarda de la lealtad a los amigos, es decir, fidelidad, legalidad, veracidad, pues la veracidad y el valor dan la lealtad; es identidad múltiple que nace en el vecindario, en el jardín de niños, y de las afinidades, siendo la simpatía una de sus condiciones. Para bien o para mal, es comunidad de sentimientos, es correspondencia de amigos, aceptación del amigo tal cual es, pero comprendiéndole y tratando de ayudarle. La amistad debe ser de corazón, con absoluta confianza.
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