Mariana Loria
Por las tradiciones y el amor
Esperamos la conclusión de un año más de experiencia tanto en el contexto individual como en el global de nación y grupo comunitario de mexicanos o de descendencia mexicana en el extranjero, nos permitimos dar pauta a la bienvenida de un nuevo año, vestidos de esperanza, con la expectativa de procesos de evolución y conjugación de hechos que fortalezcan nuestra maravillosa y mágica identidad. Miremos con el corazón y de cara a nuestra esencia, sin dejarnos envolver en la vorágine del comprar. Festejemos sí, festejemos con el espíritu de nuestras tradiciones, que reviven la única verdad y origen de estas fechas que tan inigualable testimonio dan nuestras tradicionales posadas. Veneremos pues la llegada del niño Jesús y sus preciosos regalos de amor y redención, para cultivar en nosotros el amor a Dios en primera instancia y al prójimo con quien tendremos la oportunidad de departir más que en otras épocas del año. Hagámonos más concientes del amor a nosotros mismos, a esa calidad interior que nos permite servir sin sentirnos humillados, a la vitalidad que nos provoca trabajar sin desvelo tras la meta maravillosa de procurar mayor bienestar para los nuestros y sobretodo al coraje de superar tantos obstáculos para sobrevivir a la frívola y superficial mercadotecnia humana con la que se pretende calificar y descalificar a nuestra raza. Tomemos en cuenta las oportunidades de superación y engrandecimiento que nos ha regalado lo vivido, para capitalizar nuestro patrimonio existencial. Valoremos los alcances individuales de quienes después de un periodo de arduo trabajo pueden darse el lujo de viajar a visitar a sus familiares cargados de obsequios gringos para toda la familia, como el no menos loable hecho de haber puesto un granito de arena en el capital de ingreso a nuestro país: el más importante de la economía nacional. Consideremos ejemplos de las capacidades diversas: en lo particular de personajes como el recientemente nombrado por George Bush, Jefe de la Suprema Corte Estadounidense, Al González. El masivo reconocimiento al capital de productividad que representa nuestra gente, tanto en el ámbito de la agricultura como en el de la construcción (y reconstrucción), manifiesto por un número cada vez mayor de empresarios especializados en estos rubros. Películas como “Un Día sin Mexicanos”, y la contratación estelar y frecuente de actores como Gael García, Salma Hayek, Pedro Armendáriz, entre otros, son testimonio de la gran valía mexicana". En otro sentido, descubrimos que la unidad familiar de nuestra raza hace milagros como es el caso de Mario Flores Urban, a quien le auguramos gran éxito como pintor poseedor de un profundo sentido de la proporción, del color y de las formas, que se encontró con el lenguaje del pincel en medio de una harto indeseable situación. Después de permanecer preso durante veinte años, inconcebiblemente condenado a muerte, impotente incluso para defender a los suyos de las muchas formas de acoso que se gestaron para amedrentarlos, luego de determinar que él era un buen candidato para cargar con un muertito de no muy honestos antecedentes y relaciones de la baja estirpe de tráfico de drogas. La familia Flores Urban, ejemplo de combatividad y amor, unidos procuraron y exploraron todas las coordenadas que sacarán de este enrollo a su hijo de apenas 18 años en ese entonces. Sin perder en ningún momento un gramo de coraje y dedicación, llegaron al glorioso instante de poder abrazar a su hijo, fuera de las amenazantes e inhóspitas paredes de la prisión de Chicago, Illinois, habiendo encontrado en los medios de comunicación y en la hermana nación de España, las herramientas para hacer posible vivir la mejor de las fiestas decembrinas de su vida. Así pues, les invitamos de todo corazón a festejar sí, y a cultivar la esencia de este ciclo dando gracias por las múltiples bendiciones que aquí y más allá de las fronteras, se derraman para nosotros. Recibámoslas unidos por un México floreciente para el 2005.
|