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Abracemos el presente

Alfonso Aguilar Guerrero

Menos pesos, más diabetes

A mediados de cada noviembre ha quedado establecido el Día de la Lucha Contra la Diabetes Mellitus, que no obstante que su “apellido” hace referencia a su causa o etiología, que es la elevación del azúcar o glucosa (mellitus, significa melaza o azúcar, en griego) en lugar de que ésta vaya a tejidos y células a proporcionarles la necesaria energía para su subsistencia; resulta una enfermedad “nada dulce”, dado que si no es tratada y controlada con efectividad, produce severos daños corporales que van desde perder la visión, perder parte o la totalidad de una extremidad inferior, o de llevar a la insuficiencia renal, condiciones todas que no sólo deterioran severamente la calidad de vida, sino la duración de ésta.

 

Dicha enfermedad está estrechamente ligada con el empobrecimiento de la mayoría de la población, con las carencias educativas, con el carácter comercial y la falta de ética de algunos medios de información y entretenimiento audiovisual. Los casos de diabetes mellitus tipo II, del adulto (que con mayor frecuencia se desarrolla en personas que han transitado con sobrepeso alguna etapa de su vida) en los años recientes aumentaron 72 %, de lo que ha derivado que al presente 6.5 millones de mexicanos la padezcan.

 

Por dicho padecimiento las instituciones de salud pública de nuestro país gastan anualmente 36 mil millones de pesos para atender a quienes lo desarrollan. El aumento de la cifra de diabéticos va en paralelo con la obesidad. En nuestro país 20 % de los niños y 62 % de los adultos son obesos o tienen considerable sobrepeso debido a la combinación de varios efectos nocivos. En primer lugar la caída de los salarios y de los ingresos ha llevado a reemplazar en las mesas de cientos de hogares la fruta y la verdura, cuyo costo ha subido exageradamente, y las proteínas de origen animal, en particular las que se encuentran en la leche y en la carne, por pastas, tortillas y comida chatarra de todo tipo que hace aumentar de peso.

 

En el incremento de su consumo ha influido la falta de educación sobre cómo tener una alimentación sana, a lo cual se suma la motivación para ingerir alimentos supuestamente deliciosos, que dan distinción y señal de buen gusto a quienes los consumen, que los medios de comunicación impresos y electrónicos, en especial la televisión, promueven machaconamente.

 

México ocupa el nada adecuado segundo lugar mundial –después de Estados Unidos- en consumo anual de refrescos endulzados y por habitante, la ingestión de golosinas a base de azúcar llega a índices record. Los miles y miles de millones de pesos que se malgastan en tan perjudiciales bebidas y alimentos publicitados sin cesar por las empresas transnacionales mayoritariamente provienen del magro presupuesto de los más pobres y menos educados, pues los sectores ricos de la población tienden a cuidar más su figura y su salud mediante una alimentación más variada y de mejor calidad.

 

En definitivo a menos pesos en los bolsillos, se ve más sobrepeso y por ende una mayor propensión a dar paso a la diabetes mellitus, que es una enfermedad social –no confundir con contagiosa- que reduce el rendimiento y el promedio de vida de quienes la padecen mermando además los recursos del país que debe hacer frente a este flagelo.

 

La Diabetes es ya un problema de salud pública y como tal para atenuarlo o, idóneamente, abatirlo se requiere no sólo de la participación efectiva del Sector Salud, sino de otras instancias gubernamentales como la Secretaría de Educación y la Secretaría de Comunicaciones para que, en alguna proporción, liberen a la ciudadanía de las seducciones perjudiciales para la salud, tanto en las escuelas como en los medios de información e impulsen las campañas en pro de una alimentación más sana, la cual no siempre implica contar con más dinero para tenerla y de una mayor conciencia de una más efectiva prevención sanitaria.

 

Continúan faltando organizaciones o asociaciones que con efectividad ayude a quienes padecen esta “nada dulce enfermedad”. Entre esa efectividad deberá estar incluida el ofrecerles medicamentos al menor precio posible.

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