Si te involucras, algo bueno puede pasar...

El lado humano del periodismo, programa radiofónico de la Fundación para la Promoción del Altruismo, I.A.P., conducido de lunes a viernes por Tere García ¡ahora también en Internet!

Chat   |   Buscador

 

Síguenos en: @todomexicosomos y en: Todo México Somos Hermanos

 

Anunciación Publicaciones     Noticias Ligas Directorio Colaboración
[../includes/menu_izquierdo.html]

Juventud y retos

José Antonio López Ortega Müller

EL MITO DE LA DEMOCRACIA

Hace miles de años a Platón se le ocurrió estudiar cómo se ordenaría políticamente un grupo humano en el que prevaleciese el individualismo. Dijo, entonces, que la forma política del individualismo debía recibir el nombre de democracia y que su divisa debía ser: libertad e igualdad. Reaparecen las doctrinas individualistas en la Edad Moderna, de las que deriva la democracia actual, dogma político al que el mundo entero rinde pleitesía como a un nuevo ídolo.
Esta moderna democracia se presentó primero bajo la forma de liberalismo, del cual aún quedan algunos restos. Luego pasó a lo que, sin duda, tenía que ser su final consecuente, el socialismo, forma en la que, en muchos lugares, subsiste actualmente.
Rafael Alvira considera dos modos de reivindicar a la democracia, uno teórico y otro práctico. El modo práctico consiste en decir que la gente quiere la democracia, que es un hecho irrefutable, que no existe ningún otro modo razonable de intentar un nuevo sistema. Habría que aceptarla sin más, es decir, sin pretender encontrar, en todo esto, una posible justificación teórica o moral.
En el modo teórico pueden distinguirse, a su vez, dos formas. La primera —estipulada por Aristóteles en su Política— supone que varias personas son más capaces de dar con el punto justo que una sola. No sería lógico que el «sentido común» estuviera ausente en toda una comunidad, sin embargo, siendo verdad que el «sentido común» es el menos común de los sentidos.
La segunda, muy distinta a la anterior, se refiere a aquella que se fundamenta no en el individualismo, sino en el derecho natural, y que anima al logro de los ideales democráticos defendiendo la dignidad de la persona humana. Jacques Maritain sostiene que la democracia considerada así, es un régimen óptimo y profundamente cristiano en su inspiración, ya que de no ser así, desaparecerían sus virtualidades.
Estas dos formas de interpretar el modelo teórico, se alejan de los principios del individualismo, delineando una concepción política, en principio, perfectamente coherente, centrada en la dignidad de persona humana, del matrimonio, de la familia y de la vida. 
Esto no es fácil de realizar del todo, ya que no cualquiera puede dominar el arte de la política, arte que exige, para detentarlo con maestría, dotes de carácter y capacidad de esfuerzo superiores a los comunes, necesarios para promover y propiciar el bien común, así como también, para defender la ley natural, exigiéndose, para ello de un profundo conocimiento de lo que es el bien común y la ley natural.
La mayoría de quienes integran la sociedad, creen que es suficiente con elegir a sus gobernantes, y no. Su función debe ir a más. Deben exigir a los elegidos que demuestren tener las capacidades necesarias para llevar a cabo las funciones de gobierno que les son asignadas mediante el voto, colocando, defendiendo y realizando, por arriba de sus intereses particulares y de partido, el bien común social.
Desgraciadamente, son pocos, como decíamos, los que captan que el respeto a la ley natural incluye el respeto a la dignidad de la persona humana, y que no es necesario para ello, forzosamente, contar con un modelo democrático. El mismo Maritain señala que son muchas las formas políticas que podrían garantizarlo.
Tiene razón, ya que resulta muy problemático que, ahora, en medio de la democracia se aceptan situaciones que contradicen la ley natural y por lo tanto la dignidad de la persona humana, por ejemplo: el aborto, los contraceptivos, el divorcio, la pornografía, los atentados al derecho de propiedad, las guerras.
Seguramente las peores dictaduras —regímenes necesariamente transitorios e inaceptables y que tarde o temprano caen por su propio peso—, no han promovido nunca un espectro tan completo de atentados a la ley natural, como los que son de administración ordinaria en las actuales democracias.

Sencillamente, un régimen político no es ni deja de ser de derecho natural, lo que hay que ver es si, en concreto, respeta o no los principios de la ley natural en su actuación. Y la democracia habitualmente, según se puede comprobar, no los respeta del todo.

Anunciación   |   Publicaciones   |   Noticias  |   Ligas   |   Directorio   |   Colaboración

Derechos Reservados ® 2005 Fundación para la Promoción del Altruismo, IAP
Campos Elíseos No.39 Esq. Suderman, Colonia Polanco C.P. 11560 Tels. 52.50.41.72 y 41.84 Fax. 55.31.85.85