Guadalupe Esquivias
Artesanías de la pluma
No cabe duda que el vivir es un aprendizaje diario y continúo, nunca se para de conocer nuevas formas para dar amor, amistad y cariño. La vida se trata de ser feliz, como muy bien me lo dijo alguna vez un niño con discapacidad, y esa felicidad la podemos encontrar en los pequeños detalles que desde que despertamos nos abrazan y también en el sol naciente o en el cielo de una noche estrellada. Para muchos escépticos puede sonar cursi o aburrido, pero creo que es momento de hacer un freno y ver que a pesar de tantas situaciones malas que nos acontecen durante un día entero, también podemos encontrar lo positivo, lo bello que se nos regala a diario. Aquí en la redacción de Todo México Somos Hermanos vivimos los contrastes que nos hacen valorar y disfrutar el hecho de estar vivos, ver sonrisas detrás del dolor, es una gran lección para seguir con nuestra responsabilidad de difundir las obras buenas y nobles que muchas manos realizan al comprender el compromiso de dar. En una ocasión al entrevistar a Cristina Pacheco, me gustó la definición que dio a los periodistas de prensa escrita: somos artesanos, porque trabajamos con las manos y nuestra obra esta sujeta a los movimientos de los dedos y a nuestra inteligencia que es la responsable de construir el arte y el diseño de un texto que puede ser pequeño o extenso pero valioso o intrascendente. Desde aquella entrevista confirmé que soy una artesana de la pluma, cuyo único fin es moldear las ideas y las palabras para convertirlas en mensajeras de fuerza, esperanza, reconciliación, perdón y verdad, objetivo que desde hace muchos meses he intentado plasmar en esta columna de Hechos con Amor. No soy yo quien puede dar recetas para vivir, no me siento experta ni mucho soy consejera, tan sólo soy una periodista que quiere que la artesanía que sale de mi pluma, llegue a un corazón, tal vez al de usted, así yo cumplo mi misión. En todo México Somos Hermanos, mes con mes, creamos muchas artesanías que van directamente al corazón, éstas pasan por un proceso de elaboración ardua e interesante, puesto que nuestra fuente de inspiración e informativa son todas aquellos involucrados en hacer el bien. Y es aquí en donde puedo afirmar que la vida es un aprendizaje diario, porque se conocen ejemplos de vida que sirven de base para cimentar las artesanías. Un regalo que la vida y el mundo altruista me otorgó fue encontrarme con al arquitecto Alfonso Urbina. Lo conocí en la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, en las reuniones mensuales de la comisión coordinadora de la Red del Campo y en la planeación estratégica de la Red por la Infancia. Se distinguía por su forma de hablar, de dirigirse hacia los demás, por la profesionalización y respeto con que llevaba las ordenes del día y el programa que realizaba para cada planeación. Era un hombre comprometido con su México, era un profesional que tenía el don de contribuir al crecimiento y buen desenvolvimiento mediante la profesionalización institucional. Muchos aprendimos de él que cuando se quiere se puede, que cuando se siembra se cosecha y que cuando uno se entrega a las buenas obras tendrá como recompensa el cielo. Luchaba por un campo mejor, por una vida digna, por conquistar más sonrisas en los niños, por un México digno y justo para todos. Hoy el arquitecto Alfonso Urbina ha dejado como legado en las instituciones que la profesionalización y la labor ardua no deben desfallecer y además deja aquí en el corazón de cada uno de los que estuvimos cerca de él mucha energía para seguir en el camino de la ayuda y la caridad hacia los demás. A su familia un sentido pésame y a los que lo conocimos agradecemos el legado que nos dejó. Comentarios y sugerencias: gesquivias@anunciacion.com.mx
|