José Augusto García Lizama
Noviazgo, matrimonio y amor
Luego de las anteriores colaboraciones en las que reflexionamos sobre el matrimonio y el noviazgo, se impone hacer algunas consideraciones sobre el fundamental e inagotable tema del amor, relacionándolo con tales cuestiones. En efecto, por ser el amor el que da vida y sustento a las instituciones del matrimonio y la familia, se hace necesario abundar y meditar sobre el conocimiento de este vital tema, tan esencial para la unidad y la indisolubidad del matrimonio, así como para la integración y felicidad de la célula básica de la sociedad, llamada familia. Por obvias razones, comenzaremos por referirnos al amor de Dios al hombre, pues, aunque todos hablamos de y del amor, pocos son aquellos que conocen su naturaleza y significación y muchos menos los que corresponden a este amor misericordioso de Dios; entre estos San Juan Evangelista, quien entre otras muchas cuestiones sobre el amor, nos enseña que “Dios es Amor”, que “El nos amó primero”; que “Quien vive en el amor vive en Dios”; aclarándonos, que “En el amor no hay temor, pues el que teme no es perfecto en el amor”. Nos dice, igualmente, y añade que, así “Amemos a Dios porque Él nos amó primero”; En realidad, “Dios le ha tenido tanto amor al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, a fin de que todo aquél que crea en Él no se pierda, sino tenga vida eterna”. Asimismo, con un amor de predilección, desde siempre, amó Dios al hombre, ya que como dice la Escritura, el amor de Dios a los hombres es anterior a la creación misma del mundo, pues antes de crear la tierra, el sol, la luna y las estrellas, los animales, los mares, los ríos, las plantas, las flores, etc., pensó Dios en crear al hombre: Y, “dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Y creó Dios al hombre a imagen suya. A imagen de Dios le creó: macho y hembra lo creó” Gen 1,15). Ahora pasamos a meditar sobre el amor del hombre a Dios: Amar a Dios sobre todas las cosas es el primer mandamiento. En efecto, a una pregunta sobre cuál es el primer mandamiento de todos, Jesús respondió a uno de los escribas: El primero es, “Oye, Israel: el Señor Dios tuyo es el solo Dios. Y, amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. El segundo es, amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”. No obstante, en otra ocasión, Jesús da a sus discípulos un nuevo mandamiento: “Este es mi precepto: que os ameís unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros soís mis amigos si haceís lo que os mando”. Con ello, Jesús nos manda amar ya no sólo “como a nosotros mismos”, sino “como él nos ama”, es decir, sin límites, incluyendo a nuestros enemigos: Yo os digo más: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mt 5,44). Sin embargo, debemos precisar que el amor a Dios no es solamente sobre todas las cosas sino también de preferencia, incluso sobre la propia familia: “Quien ama al padre o a la madre más que a mi, no es digno de mi; y quien ama al hijo o a la hija más que a mi, tampoco es digno de mi” (Mt 10, 37). Y aún más: Y “Cualquiera que habrá dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o esposo, o hijos, o herederos, por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y poseerá la vida eterna (Mt 19,29). Ahora bien, luego de haber recordado las bases fundamentales de amor sobrenatural y divino –siempre incondicional y probado- de Caridad de Dios a todas sus criaturas, así como las del amor natural y humano –de respuesta y obediencia a Dios-, a Dios, y al prójimo, tal como a nosotros mismos y tal como Jesús nos ama, pasaremos a conocer algunas acepciones relativas al amor humano, del que Vaticano II afirma: “Este amor, por ser eminentemente humano, ya que va de la persona a la persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona y es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y el espíritu...” Son acepciones relativas al amor humano las siguientes: De amistad, de noviazgo, conyugal, filial, fraternal, paterno y materno. De algunas de ellas nos ocupamos en las siguientes colaboraciones.
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