Alfonso Aguilar Guerrero
Fallas educacionales: medallas y lugares equivocados
Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño dejará de jugar y regresara a casa antes del anochecer. De modo que, para asustarle, le dijo que el camino que llevaba a su casa era frecuentado por unos espíritus que salían tan pronto como se ponía el sol. Desde aquél momento ya no tuvo problemas para hacer que el niño regresara a casa temprano. Pero, cuando creció, el muchacho tenía tanto miedo que no había modo de sacarle de casa por la noche. Entonces su madre le dio una medalla y le convenció de que mientras la llevara consigo, los espíritus no podían hacerle ningún mal en absoluto. Ahora el muchacho ya no tiene miedo alguno a adentrarse en la oscuridad fuertemente asido a su medalla. Termina aquí el relato y pasamos a otro: Una persona encontró a su vecino cuando éste andaba buscando algo de rodillas “¿Qué anda buscando, vecino?”. “Mi llave, La he perdido”. Y arrodillados los dos se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el que se acomedía a encontrarla “¿Dónde la perdió” “En casa”. “¡Santo Dios! y entonces ¿porqué la buscas aquí?” “Porque aquí hay mas luz”. Este par de relatos son fiel reflejo de las fallas que en la educación en general, y en la religiosa en particular, siempre se han dado, pero que en la actualidad tienen un mayor acentuamiento. Las escuelas y Universidades básicamente instruyen y, en parte, educan, pero la parte toral de la educación se da en el ámbito familiar y social; mas en el primero que en el segundo. Traumas y complejos, al igual que seguridades y confianzas se ejemplifican –el ejemplo es una orden silenciosa- y se cultivan en el seno familiar. Pero, como en la parábola del “buen sembrador”, frecuentemente esas semillas, así caigan en tierra fértil, son bloqueadas o marchitadas por los cardos conformados por congéneres que a su vez fueron educados dentro del pragmatismo, del utilitarismo o de alguno de los múltiples fanatismos. Todo fanatismo, todo extremismo resulta negativo. En el menor de los casos crean apegos que conforman individuales traumas sicológicos y las impredecibles consecuencias que pueden acarrear en gente cercana, y no tan cercana, de quienes lo padecen y, en el mayor, llegan a ocasionar “guerras santas” que resultan devastadoras y prolongadas. Difícil afirmar que existen seres humanos totalmente agnósticos, ateos. Incluso muchos de ellos, con más carga de realidad que de broma, dicen “Gracias a Dios, soy ateo”, Justamente son los que buscan en otro lugar lo que perdieron en diferente sitio, como el del relato del que había extraviado sus llaves. Buscan en lugares y en objetos equívocos lo que ellos mismos llevan dentro de sí: la capacidad de desarrollar una fe, una confianza en sí mismos y en un Ser superior. De manera análoga están algunos creyentes: de poco les sirve buscar a Dios en lugares santos si donde lo han perdido es en su corazón. Es el enseñar a buscar en los lugares adecuados, donde reside una importante asignatura pendiente de la educación. Otra materia suspendida es la de no propiciar la mala religión, esa que promueve el tenerle más fe a una medalla –o cualquier otro fetiche- que al hecho de no desarrollar en nuestra mente malos espíritus que en la realidad no se dan. No solo en las áreas religiosas proliferan medallas míticas y lugares equivocados, también abundan como ya habíamos señalado, con sus respectivos equivalentes, en los campos de la política, y nuestro país en esto no se queda muy a la zaga en relación con otros países. aguigue@yahoo.com.mx
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