|
Lynda Angulo Arriola
A lo largo del 2004, la fuerza de la naturaleza se hizo presente a través de huracanes, tifones, sismos, explosiones e incendios en diversos países del mundo, los cuales dejaron a su paso miles de muertes, damnificados e innumerables daños materiales. Pero sin duda, el terremoto y maremoto que alcanzó los 9.0 grados en la escala de Ritcher y que sacudió las islas del Sudeste Asiático, el pasado 26 de diciembre, dejó una cicatriz devastadora en el mundo. Por ello, con el fin de asistir a más de 3 millones de damnificados y desplazados que dejó a su paso este desastre natural, la Cruz Roja Mexicana se dio a la tarea de abrir Centros de Acopio en diferentes partes de la Republica Mexicana, como fueron la Ciudad de México y Guadalajara. Además de abrir una cuenta bancaria, la cual recaudó más de 10 millones de pesos. La sociedad capitalina se unió a esta causa y salió a la calle a donar, tal fue el caso de Gloria Corona, de 34 años de edad, quien acudió a la Cruz Roja Mexicana a donar cobertores para bebés y ropa en general. ”Sinceramente estoy muy conmovida al ver por la televisión ciudades completamente destruidas y el sufrimiento de la gente que fue afectada por el maremoto. Si hay algo en lo que pueda ayudar lo voy hacer y ojalá que muchos mexicanos se unan a esta causa, porque no sabemos cuando nosotros necesitaremos de su ayuda”.
Asimismo, más de 50 voluntarios acudieron al Centro de Acopio a seleccionar, distribuir y empaquetar la ayuda, como fue Domingo Alvarado Rodríguez, doctor de 50 años de edad, quien colabora con la Cruz Roja Mexicana desde hace 20 años. “El pensar que todos somos hermanos en el mundo, me hizo cooperar con el Centro desde que abrió sus puertas al público. He visto muy buena participación por parte de la gente y espero que sigan trayendo sus donaciones, porque los niños de Asia lo necesitan”. Hasta el cierre de esta edición el centro de Acopio capitalino llevaba recaudadas más de 100 toneladas de diversos productos alimenticios como leche en polvo, harina de trigo, café, arroz y azúcar. Además de pañales desechables, ropa, cobijas, tabletas de cloro, antibióticos, antihistamínicos y antimicóticos, los cuales fueron trasportados a Tailandia a través de la Secretaría de Gobernación por conducto de Protección Civil. Recuadro En 2004 también se registraron otros sismos en todo el mundo, aunque no de la misma magnitud y devastación. 1 de enero.- Movimiento telúrico de 6.3 grados provocó pánico y siete heridos en Indonesia. 14 de febrero.- Dos fuertes sismos sacudieron a Pakistán, los cuales dejaron un saldo de 12 muertos y 30 lesionados en la ciudad de Peshawar. 26 de marzo.- Un sismo de 5.1 grados en la escala de ritcher dejó nueve personas muertas, 46 heridas y daños en decenas de viviendas en la provincia turca de Erzurum. 11 de agosto.- Un temblor de 5.6. grados en China dejó al menos tres muertos e innumerables daños materiales.
15 de noviembre.- Un terremoto de 6.7 grados azotó a Colombia causando una decena de heridos y alrededor de 50 edificios y viviendas dañadas.
Qué se necesita y cómo se distribuye la ayuda Marco Antonio Franco Hernández, subcoordinador Nacional del Área de Atención a Desastres de la Cruz Roja Mexicana, indicó que los donativos en especie son seleccionados por parte de la Federación Internacional de la Cruz Roja, la cual distribuye la asistencia en los países donde tienen representación, con el fin de evitar que todos manden el mismo tipo de ayuda. “Las emergencias se atienden por región, en este caso los que respondieron con mayor agilidad por su cercanía fue la región de Japón y Europa, los cuales se encargaron de suministrar el agua potable necesaria. Nosotros no mandamos este tipo de ayuda, ya que su transportación aérea es muy peligrosa porque genera movimientos en el avión durante el despegue, el vuelo y el aterrizaje.” De igual manera, señaló que en todos los casos de Desastres Naturales, las personas necesitan tres tipos de ayuda básica que son agua, alimento y medicamentos. En este caso la zona de afectación fue en costas, donde predomina el calor húmedo, por lo cual no se mandaron abrigos, chamarras y suéteres. Sin embargo, si se enviaron cobijas y cobertores para que las personas empezaran a rehabilitar sus hogares, ya que muchas de ellas lo perdieron todo.
Llegó la ayuda Después de seleccionar y empaquetar los productos recaudados, se enviaron a la Coordinación de Protección Civil Federal, cuyos aviones tenían una capacidad de transportación de 35 a 40 toneladas de ayuda. Los viajes duraban tres días ya que contaban con dos tipos de rutas, la primera fue México-París-Tailandia y la segunda México-Los Ángeles- Alaska- Tailandia. En Tailandia se distribuyó la ayuda a diversas poblaciones afectadas por el maremoto como fueron Sri Lanka, Bangladesh, India, Islas Maldivas, Somalia, Malasia e Indonesia, la cual no sólo estuvo a cargo de la Cruz Roja Internacional, sino por diversos organismos mundiales como fueron la Organización Panamericana de la Salud y Médicos sin Fronteras, entre otros. La Cruz Roja Mexicana fue tan sólo una de las más de 100 asociaciones y organizaciones mexicanas que se unieron para recolectar productos en especie y ayuda económica.
México también puede ser blanco de tsunamisCarlos Reyes Salinas, subdirector de Estructuras y Geotecnia de la Dirección de Investigación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), explicó que un tsunami (olas de la bahía) es una serie de ondas oceánicas extremadamente largas, generadas por perturbaciones asociadas principalmente con sismos que ocurren bajo o cerca del piso oceánico, en aguas no profundas. También pueden generarse por erupciones volcánicas y derrumbes submarinos. En el mar profundo, las ondas de tsunami se propagan a través de él con una velocidad que excede los 800 kilómetros por hora. Según datos del Cenapred, México no está preparado para enfrentar un maremoto, a pesar de que pertenece al cinturón de fuego del Circumpacífico o Fosa Mesoamericana, donde ocurren del 60 al 70% de estos fenómenos naturales. Hoy, uno de los riesgos más significativos para las playas mexicanas es la “Brecha de Guerrero”, ya que un sismo mayor a siete grados en la escala de Ritcher en esta zona del país, llega a ocurrir en un lapso de tres a cuatro décadas, lo preocupante es que ya se han cumplido 30 años sin movimientos importantes, por lo que se prevé que en los próximos 10 años pueden presentarse tsunamis. Asimismo, comentó que la catástrofe que se vivió en Asia debe ser una llamada de atención para nuestro país y para revisar los diseños y las estructuras de nuestras costas.
Recuadro México ya tiene antecedentes de tsunamis. En 1925, se registraron olas de hasta once metros de altura en Zihuatanejo, Guerrero; en 1928 hubo olas de seis metros en Puerto Ángel, Oaxaca; en 1932 se generaron olas de 10 metros en Cuyutlán, San Blas, entre Nayarit y Jalisco; en 1985 hubo olas de tres metros en las costas de Michoacán y en 1995 se presentaron olas de cinco metros en Barra de Navidad, Jalisco. Aunque, alrededor del 80% de los tsunamis ocurren en el Pacífico, también pueden amenazar otras regiones, incluyendo el Océano índico, el Mar Mediterráneo, la región del Caribe y aún el Océano Atlántico.
Con el fin de buscar soluciones a problemáticas generadas por la actividad volcánica, sismos, deslaves, huracanes, maremotos y la sobre-explotación del agua, geocientíficos del Instituto Politécnico Nacional proponen la creación de un grupo especializado en Riesgos Geológicos para desarrollar proyectos de investigación.
Se unen para ayudarNo cabe duda que las tragedias naturales pueden separar el suelo, pero también pueden unir a los hombres, y esto no fue una excepción para los mexicanos, quienes salieron a la calle a donar cientos de toneladas de ayuda, así como a contribuir económicamente para los damnificados asiáticos que sufrieron terribles perdidas humanas y materiales, debido al maremoto que azotó sus costas el pasado mes de diciembre.
México vio reflejado a través de los medios de comunicación, el dolor, el hambre y la desesperación de los millones de damnificados que lo perdieron todo ante este desastre natural. Por ello el Gobierno, el sector empresarial, las instituciones privadas y públicas y sobre todo la sociedad de nuestro país unieron esfuerzos para poder mandar ayuda humana, en especie y económica. Ante la magnitud del tsunami en Asia, los mexicanos se solidarizaron y mostraron su generosidad con los miles de afectados por la catástrofe. Ojalá y éste sea un inicio para una nueva cultura de asistencia en nuestro país, en donde no sólo podamos y queramos proporcionar ayuda a las personas fuera de nuestro país sino también a nuestros propios conacionales que lo requieren.
|