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Jesús Arizmendi Valdés
Querido Niño Dios
Debo confesarte que este año en particular has sido benevolente conmigo al darme una compañera. Por tal motivo, esta Navidad te pediré algo importante y trascendente para mi vida y la de mi esposa. Este año te pido de todo corazón que me ayudes a ser un buen padre, porque mi esposa y yo tendremos un hijo a mediados del próximo año y queremos estar preparados para recibirlo y darle lo mejor de nosotros a lo largo de toda su vida. Queremos que nos guíes, nos orientes para ser razonables, para evitarle malos ratos y nunca avergonzarlo. Queremos que entienda los retos que le esperan en este mundo lleno de vicisitudes, aunque sorprendente por todo lo maravilloso que también puede darle. A este nuevo ser lo esperamos con anhelo, imaginamos el color de sus ojos, la textura de su piel o la forma de su cara. Niño Dios, tú que puedes, ayúdanos a mi esposa y a mí a ser lo mejor por él o por ella. Sé que la tarea de la paternidad es difícil porque nadie nace sabiendo ser padre, por eso me acerco a ti ahora en esta época. Te pido que nos bendigas y que nos acompañes en esta hermosa tarea de ser padres y como sé que es una gran responsabilidad, por mi parte me prepararé para enfrentar este precioso regalo de Navidad.
Los papás del 2004No obstante el aplazamiento de la edad a la primera relación pareja y al nacimiento del primogénito, en el año 2004 casi 2% de los jóvenes entre 15 y 19 años ya son padres que conviven con sus hijos. Este porcentaje se incrementa conforme aumenta la edad, de tal forma que hombres entre 25 y 29 años, experimentan la paternidad y a partir de los 30 años de edad son padres que viven con sus hijos. De acuerdo a estadísticas del Consejo Nacional de Población (Conapo), en México hay aproximadamente 20 millones de papás que residen en el mismo hogar. De esta cantidad el 55.5% lo hace con uno o dos hijos; el 21.7% con tres y el 22.8% con más de cuatro hijos. En tanto, el 92% de los padres son económicamente activos y su presencia es clave en el hogar como agente proveedor. Asimismo, el 97% de los hogares está encabezada por hombres. El estado civil del padre que vive con sus hijos indica que el 96.2% se encuentra casado o unido, debido al aumento de la incidencia de las separaciones y divorcios, el 1.2% de los padres que vive con sus hijos se encuentra en esta situación civil; el 2.4% son viudos y solamente el 0.2% son solteros viviendo con sus hijos. El hombre también debe cuidarse Todas las mujeres que desean embarazarse deben tener una preparación física y médica previa antes de concebir, pero poco se habla de los cuidados del papá. El doctor Teofilo Peña, ginecólogo de una clínica privada, comentó en entrevista para Todo México Somos Hermanos que si el hombre desea ser padre, debe atender recomendaciones para procrear a un pequeño. El primer paso es dejar de ingerir alcohol, droga y tabaco, además de comer sanamente sobre todo frutas, verduras, carnes sin grasa y vitaminas; acudir con el urólogo para que le realice un chequeo, con el fin de verificar que no haya problemas de esterilidad, baja en la producción de espermatozoides o en su caso, detectar alguna enfermedad de transmisión sexual. El especialista dijo que la edad idónea para que un varón conciba un hijo es entre los 20 y los 50 años, en caso de que éste presente enfermedades hereditarias, el médico debe practicarle estudios específicos que de resultar positivos se tendrá que monitorear mes con mes el embarazo de la mujer fecundada e incluso por un genetista con pruebas de sangre y ultrasonido. Teofilo Peña explicó que si el paciente tiene otras enfermedades crónico degenerativas, como diabetes, cardiopatías o hipertensión, es recomendable que el varón se estabilice por el bien de la madre y el bebé. Si hubiera infecciones virales como el papiloma humano que ocasiona el cáncer cérvicouterino, enfermedades venéreas de transmisión sexual o urinarias hay que atenderlas antes del embarazo. El especialista informó que en ocasiones los papás presentan las molestias comunes que las mujeres enfrentan cuando se embarazan como náuseas, vómitos, mareos, somnolencia, cansancio, fatiga y antojos, esto es debido a que el contacto de la saliva, a través de los besos con la esposa, transmite progesterona y da como reacción en el hombre síntomas que médicamente se conocen como neurovegetativos. En muchas ocasiones los padres primerizos tienen dudas y temores con respecto a la posibilidad de concebir un hijo con discapacidad, para saber cómo actuar, el ginecólogo señaló que la primera reacción de los padres de familia depende de sus condiciones emocionales, que si es una pareja que no ha tenido hijos la esperanza y los sueños son mayores, por lo que algunos llegan a deprimirse y a caer en la angustia de no saber qué hacer. En caso de que el producto venga con algún mal congénito, los médicos tienen la obligación de informar correctamente a los padres. Ha llegado alguien especial Adolfo González García es padre primerizo de un niño especial. “Mi bebé tiene cuatro años. Para mí la ilusión de ser papá fue lo máximo y desde que supe que mi esposa estaba embarazada se hizo más grande por el hecho de engendrar a un pequeño. “Nosotros supimos hasta que nació que tenía Síndrome de Down, de hecho no quisimos saber el sexo, y según todos los ultrasonidos que le practicaron a mi esposa, nos decían que el niño estaba bien. Debido a la edad de ella, fue un embarazo de alto riesgo, por lo que tuvo dos amenazas de aborto y dos de parto prematuro, aún con los cuidados extremos”. “Mi hijo nació a las seis de la mañana y me avisaron a las nueve, me dijeron que tenía una lesión en su cara pese a que los médicos sabían que era Síndrome de Down, pero nunca me lo especificaron. “En ese momento sientes que el mundo se te viene encima, sobre todo porque no estás preparado ante un hecho así que rompe con lo que tu habías proyectado”. Un hijo es un hijo, dice Adolfo, pero un niño especial conlleva más responsabilidad y preocupaciones, esfuerzos, paciencia porque su evolución es tardía. “Mi hijo tiene una motricidad lenta, pero tiene la capacidad de aprender y entender. La satisfacción más grande que me ha dado es el haberme dicho papá”, expresó Adolfo González. Al cuestionarle qué se requiere para ser un buen papá de un niño especial, al entrevistado respondió de inmediato: “Mucha paciencia y comunicación con tu pareja, hay que recordar que un hijo no nada más es para perpetuar el apellido o los bienes, sino también para caminar a su lado, conquistar y compartir todos sus logros”. La paternidad debe sustentarse en el amor En opinión de José de Jesús Aguilar Valdez, párroco de la Iglesia de San Cosme y San Damián, la preparación fundamental para enfrentar la paternidad debe sustentarse en el amor. Dijo que no importan los conocimientos científicos, ni los títulos universitarios o la posición económica de los papás. “Tenemos que pensar que la paternidad es aquella que Dios ha dado a las personas como un instinto de conservación para que no solamente se protejan a ellas mismas, sino también a los seres a quienes les van dando vida”. Aseguró que un padre de familia verdadero no es solamente quien sigue los mandamientos, sino aquél que se entrega a sus hijos plenamente, los comprende, busca lo mejor para ellos, dialoga y los corrige cuando cometen un error. Aguilar Valdez expresó que cuando un hombre ha crecido siendo responsable en su vida como hijo, hermano, estudiante y ciudadano estaría capacitado para ser un buen padre de familia. Mientras un varón que no haya crecido humanamente con lo antes mencionado será muy difícil que en la paternidad pueda llevar a cabo bien su misión. El párroco también se refirió a los niños y niñas con discapacidad, a quienes sus padres deben manifestar amor en todo momento y no rechazo, ya que Dios nos ama siendo pecadores sin importar nuestro físico o nuestras carencias, porque ama desinteresadamente, más allá de lo que los demás puedan ver y es ahí donde demuestra su grandeza sin buscar la cara o el cuerpo perfectos.
Cómo ves Niño Dios, creo que todo lo que ellos recomiendan es bueno y puedo tomarlo de ejemplo para la vida al lado de mis hijos. ¡Ah! No te lo había dicho, queremos tener dos. Gracias por lo que puedas darme y te aseguro que este año la Navidad es muy especial para mí, sobre todo porque tú sabes que soy poco afecto a celebrarla, pero ahora es distinto porque tengo muchas ilusiones, sueños, anhelos y deseos que disfrutaré al lado de mi esposa y mi hijo.
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